¿Qué escribe EGW sobre...
Ellen Gould White über: "El camino de la oración al santuario celestial"
Respuesta
El camino de la oración lleva al pueblo de Dios, por medio de la fe, directamente ante el trono de gracia en el santuario celestial, donde Jesús, como nuestro Sumo Sacerdote, sirve. Aunque no podemos ver a nuestro Mediador con ojos físicos, podemos dirigir nuestras oraciones a Él con la certeza de que Él las mezcla con el incienso fragante de Su propia justicia y obediencia perfecta. Así, nuestras súplicas ascienden como un perfume agradable al Padre y son aceptadas por los méritos de Cristo.
La fe como conexión al santuario celestial
El sacerdote en lo santo, que dirigió su oración en fe al trono de gracia, aunque no podía verlo, representa al pueblo de Dios, que dirige sus oraciones a Cristo ante el trono de gracia en el santuario celestial. No pueden ver a su Mediador con el ojo natural, pero con el ojo de la fe ven a Cristo ante el trono de gracia y dirigen sus oraciones a Él, reclamando con confianza las bendiciones de Su mediación.
Así como el sacerdote en la fe miraba al trono de gracia que no podía ver, hoy el pueblo de Dios debe dirigir sus oraciones a Cristo, su gran Sumo Sacerdote, quien, invisible al ojo humano, intercede en su nombre en el santuario de arriba.
Cristo se proclama a sí mismo como nuestro intercesor. Quiere que sepamos que ha accedido con gracia a ser nuestro representante. Coloca Su mérito en la pequeña incensario de oro para ofrecerlo con las oraciones de Sus santos, de modo que las oraciones de Sus amados hijos se mezclen con el fragante mérito de Cristo cuando ascienden en la nube del incienso al Padre.
Cuando las oraciones sinceras y humildes del pecador ascienden al trono de Dios, Cristo las mezcla con los méritos de Su vida de obediencia perfecta. Nuestras oraciones se vuelven fragantes por medio de este incienso.
Las simples oraciones que son inspiradas por el Espíritu Santo ascenderán por la puerta abierta, de la cual Cristo declaró: La he abierto, y nadie puede cerrarla. Estas oraciones, mezcladas con el incienso de la perfección de Cristo, subirán como perfume al Padre, y vendrán respuestas.
La oración es abrir el corazón ante Dios como ante un amigo. No es que sea necesario para comunicarle a Dios lo que somos, sino para permitirnos recibirle. La oración no trae a Dios a nosotros, sino que nos eleva a Él.
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Fuentes originales (Inglés)
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